Evangelio Para Los Cristianos
Verdadera espiritualidad
El poder transformador del Evangelio
El poder transformador del Evangelio
En el prefacio de su libro “La Verdadera Espiritualidad”,del escritor cristiano Francis Schaeffer, se refirió a un problema que lo condujo a un punto de gran crisis espiritual en su vida, lo llamó “problemas de realidad” (1971). Después de estar en el ministerio del evangelio por muchos años, él mencionó que ese problema le había llegado en dos partes.
Primero, observó que entre muchos de aquellos que habían peleado duro para sostener la teología en su generación, había gran cantidad de doctrina correcta, pero muy poco de verdadera realidad espiritual.
Segundo, al intentar tomar una mirada interna a su propio corazón, tuvo que admitir que aunque él tenía todas las doctrinas y actividades ministeriales funcionando bien, sin embargo, parecía estar experimentando poco o nada de transformación espiritual. Schaeffer se dio cuenta de que la verdadera espiritualidad no sólo es un asunto de la mente y la voluntad, también es un asunto del corazón.
Esa es una historia común y penosa. La pasión del corazón que una vez tuvimos por Dios se ha enfriado de alguna manera. Aunque guardemos verdades aprendidas y practiquemos disciplinas espirituales, percibimos que algo anda mal, pero no estamos seguros de qué es. Si estamos dispuestos a dar un vistazo interno y honesto, muchos de nosotros tendremos que admitir que hay muy poco de verdadera espiritualidad.
Lo horrible es que podemos tener mucho de buena teología e incluso “éxito ministerial” sobresaliente, pero aún así tener poca verdadera espiritualidad. Hay ciertas señales de advertencias a las que siempre debemos poner atención, cosas tales como una vida pobre de oración, luchas internas frecuentes, menosprecio por otros, ser frecuentemente críticos con otras personas y sus ministerios, repetidos ataques de auto compasión, así como ansiedad y falta de gozo tanto en tu vida como en el trabajo (Keller 1999: 58).
El problema es que tú puedes tener estos tipos de lucha interna y aún así tener un ministerio externo exitoso. Si este es el caso, debes saber que probablemente estés condenado a una vida superficial y a un colapso final. El impacto a largo plazo en tu vida y ministerio por Cristo y su reino no están duda. Cuando el apóstol Pablo enfrentó estos tipos de problemas en sus días, se atrevió a plantear la pregunta: “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais…?” Gálatas: 4: 15.
Estoy preocupado de que hemos bajado nuestro nivel bíblico de transformación y lo hemos aceptado como un nivel promedio de experiencia y cambio que Dios nunca intentó que nosotros aceptáramos. ¿Cuál es el remedio para la dureza y frialdad de nuestros corazones? ¿Cómo vamos a responder ante la carencia de auténtico gozo y poder en nuestras vidas?
TRES REMEDIOS FALSOS
Antes de que miremos en la Palabra de Dios para ver qué hacer, seamos primeramente claros respecto a lo que no debemos hacer. Quiero animarte a que estés en guardia en contra de tres remedios falsos.
- Intelectualismo.
El intelectualismo reduce al cristianismo a un juego de creencias doctrinales que tú simplemente necesitas afirmar con tu mente. El enfoque del intelectualismo está en la mente, no en el corazón. Tal persona cree que la transformación es buena, pero que es opcional. Su respuesta a la carencia de transformación espiritual en la vida de un cristiano es frecuentemente justificada, diciendo: “No te preocupes por eso”. Su credo es: “Libre de la ley, oh bendita condición. Puedo pecar como me plazca, y aún así obtener redención”. Lo único que es realmente importante para el intelectualismo, es lo que tú crees.
En el trabajo de Jonathan Edwards, “Religious Affections” (Afectos Religiosos), nos presenta una perspectiva radicalmente diferente. “Para Edwards, el meollo del asunto es siempre un asunto del corazón” (Childers 1995: 7). Edwards tuvo mucha carga por sus contemporáneos cuyas mentes estaban llenas de creencias teológicas correctas pero que sólo tenían una mera forma externa de devoción, una que tenía muy poco poder transformador. Él escribe: “Aquel que tiene conocimiento de doctrinas y especulación únicamente, sin afecto, nunca está comprometido con los negocios de la religión” (1984, 1:238).
Edwards enseña que la verdadera espiritualidad siempre es poderosa, y su poder primero se revela a un corazón transformado. Cuando describe la diferencia entre un cristianismo de la mente y uno del corazón, él describe: “Hay una diferencia entre tener una opinión de que Dios es Santo y lleno de Gracia, a tener un sentido del amor y belleza de la santidad y su gracia… así como hay una diferencia entre tener un juicio racional de que la miel es dulce y tener un sentido de su dulzura” (1984: II: 14). Establece el punto de que hay una gran diferencia entre simplemente conocer que el Señor es bueno y en obedecer los mandamiento de Dios en la Biblia” para probar y ver que el Señor es bueno” (1984, II: 14).
J. I. Packer habla a nuestra generación de este asunto, cuando escribe en su clásico comentario, ‘Hacia El Conocimiento de Dios’: “Un poco de conocimiento personal de Dios vale mucho más que un gran conocimiento intelectual acerca de Él”.
- Pasividad.
Un segundo remedio falso que debemos evitar es lo que llamaremos pasividad o emocionalismo. El enfoque excesivo del pasivismo está en las emociones. El pasivo cree que no puede hacer ninguna contribución real para su transformación espiritual excepto que dejar el control de su vida a Dios. La forma en que el pasivo cree que debe tratar con su corazón no cambiado es simplemente “dejar ir y dejar a Dios ser Dios”.
El pasivo enseña que el secreto cristiano para una vida feliz es “dejar a Jesús vivir su vida a través de ti”, o tener una experiencia espiritual que de alguna manera te catapulte a un plano más alto y más profundo de madurez espiritual. Este entendimiento de la vida cristiana puede fácilmente conducirte a gastar el resto de tu vida entera persiguiendo una esperanza falsa, o una experiencia tras otra en búsqueda de “algo más” para hacer tu fe más plena. El resultado casi siempre es un emocionalismo profundamente anclado.
La Biblia enseña que Dios nos ha hecho a su imagen con “una trinidad de facultades” (John Owen 1976, VI: 213, 216, 254, VII: 397) que incluye la mente, la voluntad y el corazón o las emociones, éstas juegan un papel muy importante en el corazón humano. En la Biblia presenta al corazón como centro de nuestra mente, de nuestra voluntad y de nuestras emociones. Sin embargo, el corazón humano está retratado en las Escrituras como la misma cosa que las emociones.
La palabra que Edwards utiliza para lo que llamamos emociones es de hecho “instintos animales” (1984, I: 2456-261). Mientras que nosotros debemos aprender a afirmar la legitimidad de las emociones en nuestra adoración y en nuestro andar con el Señor, también debemos ser cautelosos de evitar el error del pasivo, dejando que nuestras emociones tengan una influencia desordenada en nuestro andar con Dios.
- Moralismo.
El tercero y probablemente más peligroso remedio falso que debemos rechazar es el moralismo. El moralista no enfoca su atención en la mente o en las emociones, sino en la voluntad. La frase moralista es: “Inténtalo con más ganas”, simplemente esfuérzate más para pasar más tiempo en la lectura de la Biblia, meditando y orando. Esfuérzate más para no enojarte o preocuparte, para no codiciar. Simplemente esfuérzate más para ser un mejor testigo, una mejor esposa o un mejor padre.
El problema con este enfoque es que el creyente puede escuchar solamente pláticas alentadoras desde el púlpito sobre tratar más duro antes de que se encuentre él mismo cayendo tanto en una negación o desesperación, o lo que es peor, en la adopción de planes y programas evangélicos de autoayuda por los cuales él piensa que realmente él mismo va a cambiar, si tan sólo se mantiene intentándolo más duro.
Para el apóstol Pablo, el error del moralismo no es un asunto pequeño. Pablo vio tal posición como un ataque directo a la naturaleza misma del evangelio. Lo que falta en el mensaje del moralista, así como en el mensaje del pasivo y del nominalista es la cruz del poder transformador del evangelio.
- FUENTE: Steven L. Childers
Hno. Carlos Silva
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